La Tribuna | Luka Doncic, el Lobo Escudero

Ajeno al bullicio, impasible ante la persecución de todos aquellos que quieren enmarañar su figura, un joven lobo participa en el ritual de caza de la manada. Ese joven lobo no quita ojo a las tácticas, la fiereza y la astucia que muestran los líderes de su comunidad. Quiere aprender, absorber todas esas enseñanzas, estar preparado para el día en que le toque liderar a los suyos hacia la supervivencia, hacia el engrandecimiento de la leyenda.

Los lobos jefes son conocedores de las cualidades de aquel joven cánido. Saben que es el elegido, el llamado a su sucesión. Cuenta con agilidad, velocidad, astucia e inteligencia. Aprende en cada jornada, en cada dentellada. Le cuidan, pero le exigen. No permiten que se desvíe de su destino. No consienten que el voraz apetito de aprendizaje sea un camino de rosas, porque su vida no lo será.

Pasado un tiempo desde su llegada, la manada sufre algunos cambios y aquel lobo, con pelo adolescente aún predominante, da un paso al frente. Quiere demostrar todo lo aprendido en este corto período con los líderes de la manada y no duda en liderar las incursiones en busca de la presa, aquella que le permita dormir en los altares de la historia.

Sumar algunas grandes piezas a las reservas de alimento de la manada (como la última ante el Fuenlabrada con 23 puntos y 11 asistencias) no le convierte aún en el líder y él lo sabe. Está dispuesto, siguiendo las nobles normas comunitarias de este rey de la naturaleza, a convertirse en el lobo escudero de los más viejos. Aquel que cace para ellos en sus últimos días, que mastique la comida y la regurgite después, para permitir las últimas dentelladas de aquellos que le dieron y le enseñaron todo.

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No es casual que Luka Doncic reverencie en sus redes sociales a los “líderes de su manada”. Son sus maestros. Si quiere ser el mejor ha de empaparse de esas últimas enseñanzas de Felipe Reyes o Andrés Nocioni; de aquellas que llegan desde la madurez como las de Llull o Rudy. De su instinto ganador.

A medida que pasan los días, se hacen más presentes las palabras del padre de Luka, Sasa Doncic, que decía hace ya más de un año que su hijo tenía aspectos en su juego de Kukoc, Bodiroga, Petrovic o Teodosic. No exageraba el bueno de Sasa. Tiene la versatilidad, la visión de juego, el carácter ganador y la capacidad de pase de los mejores.

Aún le queda un largo camino por delante, sin duda. Y los lobos jefes del Real Madrid quieren aún cazar ellos sus propias piezas.  Luka Doncic es hoy su lobo escudero, pero puede que en unos pocos meses (¡quién sabe si días!)  se convierta en el líder de la manada.

@Jorgegomezbravo

Jorge Gómez Bravo

Redactor 24segundosenblanco

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