Ognjen Kuzmić o la idea de lo que, quizá, faltaba.

Transcurrían pocos segundos del primer rumor que situaba a Ognjen Kuzmić en el Real Madrid y ya se podían extraer conclusiones sobre su supuesta llegada al Real Madrid. Y hay que decir que muchas de ellas con un destacado acento negativo. Su perfil de pívot balcánico pone el acento en una época reciente en la que Laso no encontró comodidad en Ante Tomic o fondo en Mirza Begic. Además supone la salida de Othello Hunter a CSKA, uno de los máximos rivales de la competición, en lo que parece un perfil de lo más lejano. Porque quizá su adquisición suponga una incógnita en ese aspecto, ¿qué es lo que de verdad supone el serbio para la rotación blanca?, ¿podrá adaptarse a algo que con anterioridad hemos creído que no tendría este mismo perfil?. Sea como fuere vamos a hablar un poquito de este gigante de 215 centímetros para quizá comprender hasta qué punto puede ayudar a que en su 28 cumpleaños, allá por Mayo de 2018, tengamos otra cosa más importante que celebrar como equipo.

¿Qué se busca en Kuzmić? Lo primero y más rápido -y que hemos podido leer en más de un análisis que ya circunda por la red y los grandes medios de información- es su forma de jugar. Ognjen es un pívot alto, muy alto. Este aspecto le hace ser válido en marcas defensivas concretas, minutos en los que se quieren aspectos muy definidos: parar a alguien. No es un jugador que destaque al tapón sino por su capacidad de defender con el cuerpo. Tiene esa frialdad gesticular en la cara que le hace parecer blando, algo que algún entrenador como Djordjevic consiguió revertir mediante trabajo, como comentaremos más adelante. Por decirlo en pocas palabras y fáciles de entender: no es un buen defensor sino alguien molesto. No es alguien que derroche pasión y energía en sus acciones sino compromiso y trabajo.

En ataque es rápido, pese a parecer todo lo contrario. Porque Kuzmić es un jugador lento en su coordinación: envergadura de gigante y movimientos de ent. Pero cuando arranca con su zancada es capaz tanto de correr bien por el parqué como salir rápido de un bloqueo. Y esto le hace ser especialmente visual en sus finalizaciones: si tiene un metro de ventaja en la zona, acaba hundiendo la pelota en el aro. Si, si no le conocen lo pueden adivinar rápido. No baila en la pintura como Tomic ni finaliza bien de espaldas al aro como lo hacía Begic, por identificar con las dos comparaciones que ya hemos hecho. Kuzmic es otra cosa, alguien que sabe sacar partido a su altura girándose buscando aro y tablero. Más lento, menos visual, probablemente más de guerrilla… que quizá, para la belleza o para las alternativas ya están otros, ¿no? Raduljica, Gist, Milko Bjeliça, Nemanja Bjeliça. Continuar, mirar espacio y si lo hay, pues machacar.

Pero si en algo destaca el pívot afable es en el rebote. Y si me permiten apuntar, por esto recala en el Real Madrid. Tanto si su juego ha sido más especialista (Panathinaikos) o con mayor carga de minutos (Estrella Roja) desde que llegó de su aventura por la Estados Unidos (NBA en Golden State Warriors y por D-League en Santa Cruz Warriors) ha sido uno de los jugadores más importantes de Europa en este apartado. Y ojo, no hablamos sólo de capturas defensivas sino sobretodo ofensivas. En un equipo atraído en buscar sus opciones desde el tiro exterior como es el Real Madrid, Felipe Reyes ha sido uno de sus mayores claves. El capitán fue el segundo máximo reboteador en ataque por 40 minutos de juego de la competición, siendo el tercero mejor en media de rebotes ofensivos capturados en la Euroleague de nuestra novena. El año posterior sería el mexicano Gustavo Ayón el mejor de toda la competición con unos registros increíbles. ¿Qué sucedió el año pasado? Es difícil situarse en el terreno de las hipótesis: mayor carga de partidos, más años en Felipe o cambio de estilo de juego en Ayón y el resto del equipo, intento de especialización en Othello Hunter que nunca cuajó… Es difícil y un tanto cínico. Pero bien es cierto que Ognjen Kuzmić acabó siendo con Estrella Roja el cuarto mejor jugador en media de rebotes ofensivos capturados por cuarenta minutos de juego (5.15 rebotes) y cuarto en media de rebotes defensivos capturados por cuarenta minutos de juego (8.31).

Claro -me gritáis-. Pero eso es promediando más de 20 minutos de juego… ¡Que Estrella Roja no tenía más rotación! Cierto. Por eso es importante recalar en sus dos caminos anteriores de la mano de Sasha Djordjevic, Panathinaikos y la selección de Serbia. En ellos apenas pasaba de los 13 minutos de media jugados por partido. Es donde nos tenemos que detener si queremos evaluar el impacto pretendido por el Real Madrid. En estos minutos Kuzmić pareció estar lejos realmente de un equipo grande cuando se tenía en cuenta la etiqueta (a veces tan mentirosa) de “llegado de la NBA”. No veíamos un jugador referente en ataque con movimientos que saquen adelante partidos. A su lado, Raduljica era la noche y la lujuria, el ocio y la vida. Kuzmić fue la herramienta de Djordjevic para convertir a Panathinaikos en alguien a tener en cuenta cuando venían de estar rotos. Doce minutos en los que la indolencia exterior era cubierta por un manto de trabajo y concreción de rol: Kuzmić salía para exprimir su físico encima de Udoh, de Tomic, de Ayón. No sólo suponían minutos de descanso para Raduljica sino que además tenían su utilidad.

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En esos minutos el juego lento de Diamantidis o Calathes veía en los bloqueos de Kuzmić una salida rápida para incluso llegar a hacer daño en la pintura. Pero sobretodo lo más importante, su verdadero talento: permitía tirar desde fuera y fallar porque muchas de las veces el serbobosnio conseguía el balón otra vez. Buena posición y envergadura para conseguir rebotes ofensivos. En doce minutos de media tenía la mejor media por cuarenta minutos de juego (5.80) justo por encima de alguien que por aquél entonces jugaba en Olympiacos, el gran rival… Othello Hunter.

En aquellos minutos le vimos pegarse bien con Udoh, con Bourousis en Vitoria, con Hunter, con Dunston. En una tarea poco vistosa pero que numéricamente tenía su efecto. Y quizá algo de eso terminó faltando en la plantilla blanca del año pasado. Alguien que sea diferente, más clásico. De bloquear y continuar, de correr la pista como un alto, sin balón. De buscar el rebote porque es su trabajo. De volver al banquillo con el sudor del rival pegado en la camiseta. Quizá su aventura en Belgrado le haya devuelto cierta proyección, crecer con un rol mayor que le permitiera incluso ser MVP del Mes de Enero, siendo referente interior del equipo con más alma y pasión de toda Europa… y la grada con más calor. Eso quizá le ha hecho crecer, así como su máster de la mano de Djordjevic en encontrar sus pros y mejorar poco a sus contras. Y que en Liga local aporte porque sabe que es importante, porque la conoce.

Este es Kuzmić. Quizá no es el que llene nuestra vista ni satisfaga nuestros deseos. Pero si hemos hablado de la concreción de su juego quizá deberíamos adaptarnos a la concreción de su fichaje. Los números parecen hablar de algo que había que ya no hay y se ha fichado a una de las mejores opciones que quedaban en Europa. Quizá no es necesario alguien acostumbrado a ser importante porque esas piezas ya las tienes (Ayón, Randolph) y necesitas completar algo que ya no tenías como antes (Felipe) o que aporte trabajo y constancia. Porque al final lo importante no son los comentarios de la foto del día de tu firma sino los que se hacen con la última que te haces. Allá por tu cumpleaños en el mes de Mayo.

Bienvenido, Ognjen.

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