Los nombres de la Euroleague | Chris Singleton

Lokomotiv Kuban se encontraba a un paso de hacer historia: llegar a una Final Four. Randolph, el héroe que en Barcelona había conseguido meter hasta 28 puntos no estaba teniendo su día en el tiro. Xavi Pascual había conseguido que el Barça consiguiera sustentarse en el físico de Satoransky y Perperoglou para lograr arañar el talento ofensivo de Lokomotiv. Y parecía funcionar en un tercer cuarto sublime que no sólo acortaba un inicio en estompida de los rusos sino que ponía al equipo blaugrana por encima de cara al último cuarto.

Delaney era la mejor vía del conjunto de Krasnodar. La cuestión está en la frescura. Quizá sus piernas habían colmado un porcentaje tan amplio de minutos que su técnica se veía un poco cohibida ante el defensor checo. Claver desaparecido, Broekhoff conseguía conectar tiros exteriores que como Matt Janning conseguían en segunda o incluso tercera jugada. Randolph no tenía el día. Y era el héroe del partido de Barcelona. Tan pocos puntos, sólo un partido y la Final Four.

Pero entonces apareció Chris Singleton. Trabajador, callado, firme. Ponía sus músculos a disposición de que no entrase Tomic en la pintura. Que en el cambio no pudiese salir Doellman. Buscaba el rebote ofensivo y salía a ayudar cuando Navarro tenía el balón. Estaba haciendo, en definitiva, un trabajo de oro. Pero parecía que el equipo necesitaba alguien que diese el paso en ataque.

Sus once puntos en el último cuarto le dieron la vuelta al partido y… cómo. Reboteó para dar a su ataque una segunda oportunidad. Consiguió bloquear como un muro y darle un respiro a Delaney. Pero sobretodo lo más importante: sabía que era el momento exacto donde debía ser el dueño del partido.

Sacó a Tomic de la pintura, dos triples. Cuando lo metió dentro le sacaba un tiro libre adicional. Volvió loco al croata. Peleó en la zona como en la guerra más importante, bailó como en la mejor de las celebraciones. Fue el MVP de una noche histórica para el Loko.

Todo eso lo es Singleton. Quizá eclipsado por Delaney y Randolph, pero más importante para el conjunto que ellos. Un tipo que aporta a ambos lados de la cancha sin la necesidad de acaparar juego. Puede estar detrás o delante, en primera línea o siendo el mejor arquero.

Es verdad que llegó a Panathinaikos antes que Xavi Pascual, pero el técnico que le sufrió en aquel duelo por la Final Four sabe en base a quién hay que construir el equipo. Movilidad y físico en el puesto de cuatro como pasara con Randolph se ven representadas aquí con Gist o Gabriel. La opción de sacarle de la pintura la representa Vougioukas, interior más pesado. Aquella danza con Delaney la representa con el mejor Calathes hasta la fecha (29 puntos, 10 asistencias, 9 rebotes ante Anadolu Efes), pero también ayuda a Pappas o Denmon.

En ataque amenaza desde el exterior (cuenta con un 13/29, 44’8% en tiros de 3 puntos), pero tiene un buen movimiento de pies y un físico que le permite cumplir ante rivales que superan ampliamente sus 206 centímetros. Ímpetu tiene, engorroso en defensa, pone bien el cuerpo y suele taponar con asiduidad (quinto taponador de la Euroleague) y es el tercer máximo reboteador de la competición.

Hablamos, en definitiva, de uno de los mejores jugadores de la competición. Pero nunca el más llamativo. Siempre parece encontrarse por detrás de un gran partido de Calathes, de una exhibición de Anthony Randolph, de la clase de Rivers o el talento de Delaney.

Pero Xavi Pascual sabe que el proyecto de Panathinaikos pasa ineludiblemente por el saber hacer de este pívot pesado y tosco que encierra uno de los jugadores que más entienden el juego y aquello que llaman “momentum” sobre el parqué.

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