Los nombres de la Euroleague | Pau Ribas: el jugador que por fin ha podido llegar a ser.

Apenas han pasado unos días de la final de Copa ACB y aún podríamos decir que se sigue jugando. Es lo que suele pasar cuando Real Madrid y Barcelona se encuentran, en este caso, en una pista de baloncesto. Polémicas, jugadas concretas, parciales, comentarios y declaraciones abarcan horas de debate, litros de tinta y ojos rojos viendo la misma jugada una y otra vez.

Entre todo esto está nuestro protagonista. Un hombre acostumbrado a estar más callado. Se podría decir que pasó por la final para ganarla mientras que otros llegaron para lucirla. Comandó un primer tiempo desde la dirección apoyando a un Heurtel algo más fallón y dando una sensación de saber estar y capitanía que desgraciadamente Navarro dejó hace mucho tiempo de poseer. Tampoco Oriola, adalid mediático de la lucha y brega de un gladiador que se queda en mero escaparate cuando se trató del juego.

Ribas penetra ante Hines, CSKA Moscow.

Fue Pau Ribas el que cargó con la final. Y es la percepción de quien esto escribe, claro está, haber interpretado en el base catalán (Badalona, 1987) ese líder que sostuvo y retuvo el talento que el Real Madrid tenía preparado para toda la Copa. Campazzo, Doncic, partir con Causeur para que Rudy metiese tres marchas al partido cuando saliera al campo.

Un gran Thomas Heurtel era el enemigo ideal, por supuesto. Su Copa estaba siendo espectacular: 20 puntos y 9 asistencias ante Baskonia, 13 puntos y 14 asistencias ante Herbalife Gran Canaria. Venía como una moto. Porque además lo apoyaba en un jugador liberado, que empezaba a correr después de seis meses a su antojo, decidiendo la jugada y el destino. En definitiva: muy Heurtel.

Pero la final se encasquilló de alguna manera, en el primer cuarto el Real encontraba el espacio y el Barcelona ya no corría: querían que nadie lo hiciera. Y aquí encontré serenidad en alguien que, por desgracia de su propio devenir como profesional, no me esperaba. Después de tanta lesión y tanta recaída, Pau Ribas se convirtió en aquél jugador que realmente se esperaba en su llegada a la entidad azulgrana. Firme, resolutivo, acertado en el tiro cuando tenía que ser así y mandón cuando alguno torcía la cabeza hacia otra parte.

Quizá esta resolución hizo que quien torciera el gesto fuera a los muchachos de Laso, quién sabe.

Ante Jaycee Carroll en la victoria del Real Madrid en la ida de Euroleague.

Porque sí, todos sabemos el nivel que tiene Pau Ribas, eso seguro. Un buen jugador que desde siempre destacó por su instinto ofensivo, que lo desplazó más ocasiones de las que debería hacia el puesto de escolta y que cayó en la lesión más molesta de todas: el tendón de aquiles. Quizá en el momento más delicado y probablemente en el que por fin iba a ser capitán de un equipo que aspirase a cosas importantes. Bartzokas llegaba a un equipo que pretendía adjuntar clase a unos cimientos que no se podían tocar. Y el tendón no le dejó a Pau ni asomarse a la temporada. Desapareció.

A lo mejor no fue mala noticia viendo por dónde salió toda esa temporada. Mala noticia para Pau Ribas, se entiende. Desapercibido, esperando desde la camilla, veía otro proyecto culé estrellarse y encarriló el Verano de la misma manera que afrontaba el pasado. Enésima vuelta a empezar, ahora con Sito Alonso, ahora sano. Después de 9 meses de rehabilitación.

Nueve meses. Y ¡pum!, otra vez. No podía ser. Hasta los aficionados más ajenos a la actualidad blaugrana torcían el gesto por un jugador que siempre que estuvo en un equipo, agradó: Joventut, Baskonia, Valencia, Selección, Barcelona. Quizá no es ese tipo que caiga bien cuando se tiene en contra, pero que sabes que a favor lo tendrás con cierto orgullo.

Maodo Lo (Brose) intenta defender un tiro de Ribas.

Dos meses después de que la rodilla se recuperase de quizá los otros nueve meses sin talón, Pau Ribas reaparecía en la pretemporada del FC Barcelona:Ha sido duro, no voy a engañar a nadie. Una recuperación de once meses, bueno, una de nueve y sumarle después otra de dos, fue un palo duro pero esto es el deporte, hemos de aprender cosas, mejoramos día a día de las cosas que nos pasan.

Y a uno, rodeado de toda la intriga y debate que rodea una final, le queda el sabor de un buen enemigo en la cancha. Alguien que estuvo en el fondo de un banquillo vestido de calle durante un año, esperando un momento. Que quizá alabó todo el mundo en ese fondo de banquillo y aún en cancha lo tenía en ese segundo plano. Que no ha sido el MVP de una competición que ganó un equipo que no esperaba nadie pero que por qué no, pudo haberlo sido (9 puntos, 4 rebotes y 8 asistencias contra Baskonia, 12-2-2 ante Gran Canaria y 21-4-2 en la final ante el Real Madrid).

Ante su ex, Valencia Basket. Intenta sortear a Dubljevic mientras Rafa Martínez sigue la jugada.

Que sigue cogiendo ritmo, callado, sin alardear. Porque a veces para ser un capitán no hace falta gritar mucho, ni hacer aspavientos delante de la televisión, ni ir con el título dentro de la afición, ni ser mediático. A veces, para ser un capitán de un equipo que gana títulos, sólo falta con liderar en la pista esos momentos clave, con trabajo y un esfuerzo que pocos como él han pasado durante un año. Y entonces, desde esa posición, ganar. Y celebrar, pese a nuestra desgracia.

Pero qué quieren que les diga. Los títulos se tienen que ganar ante gente que hace de este deporte una pizca más bonito. Quizá algo heroico, como nos gusta disfrazar todo esto. Y me gusta ver ahí a este Pau Ribas, el jugador que por fin ha podido llegar a ser. Y esperar que los de blanco puedan devolverle la última.

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