Los nombres de la Euroleague | Arturas Gudaitis: lo que las malditas lesiones no frenaron.

Este año está siendo quizá el de Arturas Gudaitis. Y por fin, la verdad. El joven lituano salió de una nueva hornada que desde 2012 propuso el Zalgiris Kaunas como proyecto a largo plazo. Dentro de ese proyecto se decidió juntar a veteranos como Songaila, Javtokas, Jasikevicius o Jankunas con un cúmulo de chicos que deberían suponer el futuro del baloncesto báltico.

Salían pues a escena, entre otros, lituanos como Edgaras Ulanovas (1992), Vytenis Cizauskas (1992), Tomas Dimsa (1992), Lukas Lekavicius (1994), el estonio Siim-Sander Vene (1990) o el letón Kaspars Vecvagars (1993). Pero sin duda el nombre que más sobresalía entre todos los que seguían esta nueva camada báltica que pasaba por Kaunas sería el de Arturas Gudaitis. Lo tenía todo para convertirse en alguien muy interesante: cuerpo para jugar en la zona, cierto instinto y un toque moderno, la movilidad.

Gudaitis este año en Euroleague, donde está causando sensaciones muy buenas.

Si no llegaba a convencer del todo era por una cuestión: su carácter. Esa frialdad báltica que en ocasiones afecta a un jugador que, aunque teniendo tantas cualidades, le apartaba en un cuerpo a cuerpo o le hacía fallar tiros que parecían fáciles. Pero, ¿cómo iba a suponer una traba a alguien que apenas alcanza los veinte años de edad?.

Era un diamante y tenía espejos como Sabonis, Songaila, Javtokas o Jankunas.

Pero pasó lo peor: su rodilla hizo crack. Todas las ideas que existían en torno al futuro de un chaval de 208 centímetros que tenía un cuerpo enorme para jugar en la zona y una velocidad notable para salir de ella se venían un poco abajo. ¿Recuperaría la explosividad que tenía? No era de extrañar que en un hombre tan alto y pesado como Arturas, ciertos movimientos de alero le terminaran desgastando esa rodilla. Miles de preguntas.

Gudaitis intenta revasar a Tyus en un partido de Euroleague entre Zalgiris y Maccabi.

Volvería pero un poco cambiado. Perdía explosividad, era más pivot. Se movía bien en la zona pero quizá un poco más grande. Y lo peor no era un miedo que ciertamente no mostraba. Quizá, lo peor, fue el entrenador Gintaras Kaprikas, que apostó por tirar de los Songaila, Jankunas y Javtokas mientras Gudaitis recaía a comienzos de temporada de la maldita rodilla.

Sus apariciones seguían siendo prometedoras pero es verdad que sobre él dejaron de circular las fantasías del futuro que una vez se prometieron. Gudaitis no es un chico de sueños y profecías, mucho menos de arcoiris y columnas de papel. Nacido en el puerto pesquero de Klaipeda -19 de Junio de 1993- comenzaba a guardar en su cabeza tres constantes: el trabajo duro, la dureza mental que transmite la frialdad del mar Báltico y que ese agua derrite cualquier pilar de papel.

Volvió, brilló en los minutos que disponía y con Ulanovas gritaban futuro cuando quizá el miedo de su técnico quería chillar presente. Gudaitis lo tenía claro: <<me presento al draft de la NBA>>. Y fue elegido en segunda ronda por los Sixers. Cuerpo para la zona condimentado de una explosividad al pick and roll llamativa y talento para el rebote ofensivo. Esas eran las principales causas de su selección según las cadenas estadounidenses.

Comenzó de nuevo, buscando espacio y minutos en Lietuvos Rytas.

Pero no dejaba de ser un proyecto lejano para un chico que con sendas lesiones decidía comenzar de nuevo, buscando espacio como los marineros que cogen el barco a primera hora de mañana. Y en alta mar, trabajan, piensan y tienen todo el espacio que da el horizonte.

Fichar por Lieutuvos Rytas le hizo desaparecer en cierta medida. Parecía perdido para una causa de una Europa que comenzaba a ver en la Euroleague el escaparate real y en la NBA la confirmación. Pequeñas lesiones le hacían perder el ritmo y en quién alguna vez le depositaron cierta fe, la esperanza.

Pero en su último año en Lituania, el trabajo tenía al final su recompensa. El espacio buscado en Lietuvos Rytas se saldaba una vieja rencilla: dominar, ser alguien real en el baloncesto y dejar de lado ese halo de desesperanza y futuro prometedor.

Era ya, por fin. 13.5 puntos, 8.3 rebotes y 19.2 puntos de valoración con casi 2 tapones de media por encuentro.

Con Milán en el partido de ida en Madrid, ante Campazzo.

Olimpia Milano no lo dudó y decidió que su futuro interior dominante sería él. Un equipo que no tiene nada que perder con un interior que tampoco. Que es capaz de trabajar desde su barco y calmarse en las frías aguas del Báltico.

No hay palabras más reveladoras de su carrera y su disposición que las desprendidas para euroleague.net a finales de Diciembre pasado:

Sí, he tenido una serie de pequeñas lesiones en los últimos dos años y eso no me ayudó a acoplarme en el equipo como debía, así que mi número de partidos jugados nunca fue muy elevado. Pero este año estoy trabajando muchísimo para seguir sano. Eso me ha hecho jugar más partidos en Euroleague este año, con diferencia, que en los dos años anteriores en Eurocup. Eso me hace estar tremendamente agradecido por cómo me va y por estar en Milán. Ellos me trajeron aquí porque creían de verdad en mí. Voy a jugar lo mejor que sé por ellos y espero que mis actuaciones sean tan consistentes como para ayudar al equipo a ganar más partidos.

Hablamos de uno de los interiores que va a dominar muchos años en Europa. Alguien que ya ha recibido la invitación de los Cleveland Cavaliers para probar este verano su evolución y adaptación en la competición más grande.

Quizá no es el mejor de los momentos, cuando el baloncesto está cambiando tanto en los hombres altos y la NBA está yendo por otro camino. Pero Gudaitis dominará, seguro. Y lo hará con mucho silencio por su parte. Como el que hay en alta mar.

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