La Tribuna | Un Mirlo Blanco

Siempre hay una flor que crece en las condiciones más adversas. El talento, igual que la naturaleza, es capaz de iluminar profundas oscuridades. Habrá quien piense que hablo de Luka Doncic, pero se equivocan. El esloveno merece un capítulo aparte. Me refiero, en esta ocasión, a Dino Radoncic. Talento también fabricado en la antigua Yugoslavia y que crece a la sombra de los focos de la ciclogénesis Luka. 
 
No se está siendo justo con Radoncic. La primera, la afición, que no está valorando su calidad en la medida que se merece. Ha sido capaz de rendir de una manera sublime siempre que su equipo lo ha demandado. Y eso no es fácil para un chaval de 18 años, que además no es habitual en las rotaciones en un equipo de la exigencia del Madrid.
 
Y tampoco está siendo justo con él Pablo Laso. Parto de la teoría que el técnico vitoriano sabe más que yo de baloncesto, ve sus evoluciones día a día y sabe lo que necesita el equipo. Pero dado que esta columna me permite opinar, creo firmemente que con Dino se está equivocando. Ante la plaga de lesiones que ha asolado al Madrid desde el inicio de temporada (especialmente en el juego interior), Laso ha colocado a Maciulis casi siempre por delante del montenegrino en la rotación.
 
Sin embargo, ante el UCAM Murcia, Radoncic demostró (cuando tuvo la oportunidad de jugar) en el último cuarto que se trata también de un jugador especial. En el momento más caliente del partido sacó algunas muestras de su repertorio: mate espectacular, bandeja con la derecha (no es fácil para los zurdos y él lo ha trabajado muy bien desde pequeño) y un triple liberado. Es decir, determinación, capacidad física y talento. Fue pieza clave en la victoria junto a Trey Thompkins. 
 
Desde mi humilde punto de vista, Maciulis es un jugador amortizado por el club, en un rol de veterano que debe aportar minutos de calidad, como hizo el Chapu el curso anterior, pero jamás debe estar por delante de Dino en la rotación (siempre que su actitud merezca tal distinción en los entrenamientos). 
 
Si Laso abandona el cortoplacismo, el ademán de tirar de la vieja guardia siempre que las cosas vienen mal dadas, recupera esa versión de entrenador hacedor de futuro, tal vez se dé cuenta que conjuga en su plantilla un unicornio con Doncic y un mirlo blanco con Radoncic y pueda volver a escribir páginas épicas en el Madrid. Veremos.
Jorge Gómez Bravo
Foto: ACB Photo/V. Carretero

Jorge Gómez Bravo

Redactor 24segundosenblanco

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