Los nombres de la Euroleague | El previsible Nick Calathes y las gallinas.

Un día después de un 17 de Abril desastroso de hace un año, un quiosquero ateniense se disponía a plantarse enfrente de un grupo de gigantes para espetar, quizá con más temeridad que acierto, que aquellos que le miraban desde el cielo fueron unos gallinas.

El quiosquero había visto como esos chicos altos caían con estrépito, la noche anterior, en el Olympic Sports Center de Atenas. El grupo de altos era un Real Madrid Baloncesto que salía a caminar como en cada viaje para despejar la mente, pensar en otras cosas, quizá para destaponar los oídos de los gritos del que comandaba aquél grupo.

Uno no puede dejar de pensar en Pablo Laso, escuchando a aquél quiosquero loco, dándose la vuelta y pasando la vista por todos y cada uno de los jugadores musitando su ya característica sonrisa sarcástica.

En aquél Panathinaikos que ganaba al Real Madrid el primer partido de Playoffs por 95-67, emergía un Nick Calathes pletórico, probablemente el más grande de una temporada notable para el equipo que entrenaba Pascual. Y si me permiten decirlo, para mí fue el Calathes perfecto: sólo 8 tiros de campo para 12 puntos y… 16 asistencias. Metiendo el baloncesto dentro de la zona, generando espacio y encontrando a todos y cada uno de los compañeros, entre ellos un Mike James que anotaba 24 puntos.

Doncic en la eliminatoria de 2018 ante Calathes con James detrás (Euroleague)

Y en el Real Madrid jugaron gallinas, Pablo Laso así le hizo ver al tendero. Tenía razón. Y sólo hace falta ver los tres partidos posteriores para comprobar que lo que muchos miran como actitud, carácter, físico y valentía en realidad se refería al tamaño del cerebro.

Laso sabía en realidad que no todo dependía del ímpetu sino de la inteligencia. Y claro, todo tenía un nombre. ¿Cómo parar a Calathes? No: cómo ganar a Panathinaikos. De su virtud, su defecto.

A estas alturas (e incluso a aquellas) no se iba a descubrir al jugador greco-americano. Nacido en Florida, fue precisamente jugando para los Gators donde ya se hablaba de un base un tanto feo -no se pueden obviar ciertos detalles- que era capaz de sumar asistencias y rebotes de la misma manera que generar puntos.

Y ojo, hablamos de generar y esto incluye más allá de los individual. Rodeado de una generosa generación a la que siempre nos acostumbran por Florida: Chandler Parsons, Vernon Macklin, Alex Tyus, Walter Hodge… Calathes ya era por entonces, me atrevería a decir, un calco de lo que es hoy en día. Quizá algo más escuchimizado, más fino, con un poco -no mucho más- pelo que hoy. Un generador de juego a su alrededor que llamó a las puertas de la NBA hasta ser elegido en el draft: número 45, 11 puestos por detrás de Sergio Llull.

Calathes en Memphis penetra ante Fournier (Fox)

Pero decidió considerar quizá de la forma más lógica posible que su juego estaba lejos del Atlántico y más cerca del Mediterráneo. Firmando ya un muy buen contrato con Panathinaikos, asumía el que podemos llamar “hype con el base griego” de comienzos del siglo XXI que llevan sosteniendo años Diamantidis, Spanoulis o Sloukas y que incluso ha permitido vivir de él a Nikos Zisis. Calathes entraba directo a ese Olimpo de los entrañables -en el fondo lo somos- aficionados europeos.

Volvió a la NBA, claro que volvió. Había que intentarlo. Pero retornó con una mancha terrible en forma de doping que, como con todos estos casos, quedó un tanto en el aire. No sin dejar de ser alguien importante en la rotación de banquillo de los Grizzlies más competitivos hasta la fecha.

Y Panathinaikos le abrió las puertas de su casa: uno de los contratos más altos de Euroleague, asumiendo que no era del todo su sitio. Pero que podría ser el punto que les faltaba para volver a la élite. Y claro, el equipo verde comenzó a ser su dominio. Todos los proyectos se planificaban a su alrededor (desde Djordjevic hasta Pascual). A su ritmo, a su estilo. Eso Pablo Laso lo sabía por una algo evidente: Calathes nunca ha vivido amparado en su tiro exterior, su gran traba. Y quizá una de las limitaciones que le separan indudablemente del éxito.

Calathes rodeado en una de sus penetraciones (Euroleague)

Laso le preguntaba a las gallinas cómo era posible que Calathes ni siquiera tirara desde fuera (1/2 en tiros de tres puntos) en un partido en el que los griegos anotaron 12 de 22 tiros. 16 asistencias. ¿Por qué miraban tanto al base y no a quién el base miraba?

Los tres partidos siguientes se resumen rápido: 4 asistencias de media y casi 7 triples lanzados por partido. Sin encontrar huecos más allá de su presencia en la zona. Anotando 18 puntos de media, llegando al tope en el tercer partido, con 26 puntos. Quizá la alabanza más previsible de los últimos años en la competición europea. Un Calathes contra todos que parecía ideada por el domador de unas gallinas que se unieron como ya escribiera George Orwell.

Hoy comienza la misma eliminatoria. Nuestro protagonista ya ha jugado contra el Real Madrid dos partidos en los que ha tirado 14 triples en dos partidos y ha repartido 4 y 5 asistencias. Ambas derrotas. El ritmo lo marcará Calathes, quizá el mejor jugador previsible que habrá sobre la cancha. Esta vez, sin Doncic ni Llull enfrente, las gallinas tendrán que ser halcones. Y hasta el tendero de Atenas lo sabe

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies